Las marcas de hotelería más exclusivas están llegando a México
México está viviendo una de las olas de lujo más grandes de su historia.
Rosewood ya abrió sus puertas en Riviera Nayarit. Belmond prepara su llegada a este mismo destino con Milaroca, Mandarin Oriental viene en camino a la Riviera Maya con Kanai, y Waldorf Astoria levanta su nuevo hotel en San Miguel de Allende. Cuatro de los nombres más serios de la hotelería mundial, que conocemos de cerca porque en Adippsa supervisamos sus proyectos.
Y no son los únicos que voltearon a ver al país. Este año Aman abre su primera propiedad en México, en Baja California Sur. St. Regis suma Los Cabos y Cancún. Six Senses llega al Pacífico, y Ritz-Carlton estrena en el Caribe. Marcas de renombre que solo aparecen donde el mercado ya juega en las grandes ligas.
No es suerte de temporada. México dejó de ser solo destino de playa para volverse uno de los lugares más codiciados del turismo de lujo en el mundo.
Y atrás de cada una de esas aperturas hay algo que el huésped nunca ve: una obra que tenía que salir impecable. Un hotel de este nivel no perdona un acabado mal puesto, una instalación improvisada ni una entrega a medias. La marca pone el nombre, la operación pone el servicio, pero el activo que sostiene todo eso se construye una sola vez. O queda bien desde el primer día, o no queda.
Ahí es donde entra Adippsa. Supervisamos obra hotelera para que lo que se prometió en el render llegue completo a la realidad: en tiempo, en presupuesto y al estándar que una marca de lujo no negocia.
México está construyendo su mejor versión como destino. A nosotros nos toca cuidar que cada pieza esté a la altura.